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La lectura como práctica de consumo. Consideraciones a partir de El lector a domicilio, de Fabio Morábito

EL MAL LECTOR
Leía sin propósito, con la actitud humana normal para los conceptos
y para las imágenes, sin comprender completamente los primeros ni
dejar de comprender enteramente las segundas. Entendía mal.
Entendía a veces. Desentendía casi siempre. Era un lector común.
Carlos Díaz Dufoo Jr., Epigramas

En 1983 Roger Chartier y Pierre Bourdieu mantuvieron un debate en Radio France respecto a los problemas del libro y la lectura. En éste se cuestionan el “«etnocentrismo de la lectura» y la universalización de una forma de lectura que regularmente se corresponde con aquella que domina en los círculos de los intelectuales” (“La lectura” 161). En común acuerdo, ambos consideran imprescindible historizar las prácticas lectoras. La razón y la forma como se leía en el siglo XVIII no son las mismas para estos tiempos; por ello no se puede “presentar al lector como un intérprete sin limitaciones ni condicionamientos de tiempo y de lugar –tan sólo sometido a los límites de su propia invención–, mostrando la ingenuidad que encierra el uso incontrolado de la palabra «lectura» como forma de entender todo intento de inteligibilidad del mundo” (“La lectura” 161).

Para poder hacer una historia de la lectura a favor de la inteligibilidad de las prácticas culturales en cierto tiempo y espacio no podría faltar la pregunta ¿qué se lee? Atendiendo, irremediablemente, a una cuestión de gusto. Sin embargo, la respuesta muchas veces tendrá que ver con lo que merece ser mencionado, es decir, aquello que “parece socialmente legítimo” (“La lectura” 166). La biblioteca de cada persona puede ser un rasgo a presumir, a esconder y en ocasiones ni si quiera existe; para cualquier caso, está en función de una aceptación social. Asimismo, de la sociedad depende la existencia y permanencia del lector, pues como indica Bourdieu: “la lectura es el producto de las condiciones en las cuales alguien ha sido producido como lector” (“La lectura” 164).

Roger Chartier. Fuente: introduccionalahistoriajvg.wordpress.com
Pierre Bourdieu. Fuente: www.socialcapitalresearch.com

En la novela El lector a domicilio (2018) de Fabio Morábito se plantean distintas consideraciones en torno a la lectura por medio de la base ficcional que sostiene al género novelesco. Las que destacaremos aquí son: cuestiones genéricas a partir de convenciones, apreciaciones lectoras a partir de la extensión, el papel de los eventos culturales y la identificación que produce el acto de lectura. Por medio de la revisión de El lector a domicilio se pueden sustraer ciertos aspectos sobre la legitimación del consumo cultural.

A inicios de junio del presente año, Fabio Morábito recibió el premio Xavier Villaurrutia por esta novela en la que el narrador debe cubrir ciertas horas de servicio comunitario como castigo de acciones pasadas; con la ventaja de no tener que limpiar excusados ajenos, la encomienda es leer a domicilio. De esta manera, el protagonista Eduardo cumple con cinco visitas, y en cada una se presenta un mundo donde la lectura se percibe de manera distinta. Los receptores de esas lecturas son dos hermanos siniestros, una bella mujer paralítica, una familia de sordos, un coronel jubilado y un matrimonio que busca el reconocimiento social a través de veladas literarias.

En primera instancia, el ejercicio de la lectura en voz alta cuestiona el hecho de compartir con el otro. Idealmente, esta acción debería producir complicidad. En ocasiones, la lectura ha funcionado para compartir y generar un ambiente de empatía entre el que escucha y el que lee, pero aquí el “favor a la comunidad” es una penitencia que el castigado cumple sin involucrarse. Por lo tanto, algunos de los escuchas reclaman la falta de atención en el texto que el lector comete, y él mismo acepta la ausencia de compromiso con lo que está leyendo.

Sin embargo, esto deriva en otra problemática planteada por la obra: ¿cuáles son los géneros literarios que permiten el compromiso del protagonista con aquello que lee? Eduardo descubre que al leer poesía su entrega y atención son mayores. Las obras de Julio Verne, Franz Kafka, Truman Capote y Agatha Christie no producirán la misma respuesta que la lectura de la poeta Isabel Fraire; lo que cuestiona ese etnocentrismo de la lectura, pues tradicionalmente esos autores tendrían un público mayor que la poeta mexicana. Aunque es poco probable que existan lectores a domicilio, sí hay convenciones arraigadas respecto a la lectura en voz alta: la poesía es un género que va bien con este ejercicio y el protagonista lo descubre por accidente, pero al mismo tiempo deja entrever las ventajas de esta forma literaria, como la rima que explota en los niños la atención y la curiosidad, así como las imágenes de los versos de Isabel Fraire que desatan los recuerdos y las pasiones de algunos personajes. Las referencias literarias no son ficticias, por lo que cada mención a una obra o escritor resulta un comentario intertextual.

Leer una novela en voz alta no es tan común como sí lo es con la poesía, pero no sólo son éstas las diferencias que se plantean, sino también la cuestión de la extensión. Por la forma en la cual las experiencias lectoras están entretejidas, podemos ver las distintas reacciones de los personajes respecto a una lectura poética:

–Traje un poema que me gustaría leerle antes de seguir con la novela –le dije, y abrí el portafolio para sacar la hoja donde había copiado el poema de Isabel Fraire.

–¿Es largo? –me preguntó.

–No sé, es un poema –y le mostré la hoja para que ella juzgara si era largo o no.

(Morábito 36)

En este ejemplo, ni el protagonista sabe delimitar el asunto de la extensión. A su vez, Fabio Morábito remarca las reacciones ante la poesía, pues apenas dos páginas más adelante, otro de los escuchas expresa el temor de que un poema pueda ser extenso. Las reacciones que manifiestan gustos y disgustos se suman a otras consideraciones de recepción, como  el rechazo típico ante autores contemporáneos, que en este caso aquejan al padre del lector a domicilio: “Con tanto que hay que leer, decía, ¿para qué perder el tiempo con las novedades?” (Morábito 42). El padre de Eduardo, incluso, comenta otro tipo de críticas debatibles, como aseverar que el peor poema de todos los tiempos es “Nocturno a Rosario” de Manuel Acuña.

Acertadamente, los gustos de lectura de cada uno de los personajes ayudan a configurar las cualidades de aquellos que rodean al protagonista. Es decir, la postura de un papá moribundo, con un hijo de 35 años, representa ese tipo de ideas arraigadas y a veces necias sobre la literatura; mientras que el personaje de la mujer sofisticada que canta ópera combina con la lectura de Daphne du Maurier. O bien, el coronel retirado cuyo gesto ante la lectura no será más que el dormir, como un niño en espera de ser arrullado.

Isabel Fraire. Fuente: poesiamexa.wordpress.com

Ahora bien, los circuitos del consumo de lectura no se quedan únicamente en emisor, mensaje, receptor; también atienden al contexto. En 1990 el israelí Itamar Even-Zohar propone un esquema sobre el sistema literario a partir de la estructura de la comunicación de Roman Jakobson:

 

Institución (contexto)

Repertorio (código)

Productor (emisor)—————(receptor) Consumidor

(“escritor”)(“lector”)

Mercado (contacto/canal)

Producto (mensaje). (34)

 

Del mismo modo, Fernando Curiel Defossé propone un artículo titulado “Historia y literatura”, que plantea la distinción entre la historia de los autores, obras y lectores y, por otro lado, la historia del sistema literario (SL): “creación, producción, distribución, recepción y certificación”; en ésta se realzan cuestiones como “las generaciones, los mecanismos de socialización, las revistas, los agentes y las agencias literarias, el Canon” (13).

Dentro de la ficcionalización de ese sistema que encontramos en la novela de Fabio Morábito, no puede faltar la tematización de los eventos culturales, así como el rol de las librerías; específicamente, una librería de viejo dentro de una ciudad con un alto índice de delincuencia como lo es Cuernavaca, donde el espacio cultural también sufre de extorsión e incluso de balaceras. La frase que se repite en la novela para definir el lugar de la eterna primavera es que éste “no tiene alma, sino albercas”. Una vez asentado el tipo de escenografía sobre el que la historia se desarrolla, contrasta, hasta rayar un tanto en el ridículo, el afán de una pareja por realizar veladas literarias donde el lector a domicilio es plantado como mono de circo hasta que llegan otro tipo de lectores a declamar algunos versos.

Una vez que la novela de Fabio Morábito tematiza al lector es imposible no desentrañar una crítica ante los procedimientos culturales de nuestros tiempos. En la descripción de esos eventos, el narrador se toma el tiempo de describir la vestimenta de los asistentes y la suya para reflejar la presunción de ese tipo de “mecanismos de socialización”; al final, los libreros de madera que adornan el espacio no están bien puestos y se desploman, mientras que los intereses personales por tener un papel protagónico se hacen evidentes. La falsedad de los contextos literarios no está ausente en las implicaciones del consumo cultural.

Una consecuencia más de la tematización del lector es la resonancia de ciertos textos con la propia vida, así como la identificación de los personajes con lo que leen, una forma de asentar cómo la literatura pasa a través de uno: “Me pregunté si Margó había pretendido lanzarme un mensaje a través de aquel libro; si se identificaba con Raquel, la mujer experta, y veía en mí una copia del candoroso Philip, cuyo espíritu ella se iba a encargar de afinar y perfeccionar o, peor, de someter” (Morábito 45). Y por supuesto, como receptores no podemos dejar de sentirnos identificados con los personajes lectores y, a través de una identificación abismada, recordar nuestros gustos y juicios ocasionados en la lectura.

Dentro del sistema literario del mismo Fabio Morábito, su novela lo hace acreedor al Premio Xavier Villaurrutia, el cual fue fundado desde 1965 y dentro de su larga trayectoria han sido ganadores autores representativos de la literatura mexicana como Juan Rulfo, Rosario Castellanos o José Revueltas; el premio lo convoca una instancia cultural representativa a nivel nacional como es el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA); además de ser un premio de escritores para escritores, donde la editorial (en este caso Sexto Piso), debe proponer la obra. En esta ocasión el jurado estuvo conformado por Tedi López Mills, Jorge Ruiz Dueñas y Alberto Ruy Sánchez; los tres son autores que ya han sido ganadores en ese certamen. Por último, en las consideraciones de este premio, su título (Xavier Villaurrutia) no deja de ser clave para la tradición de las letras mexicanas.

La razón de mencionar el circuito del premio es señalar ese contexto cultural que puede facilitar el consumo de este libro, pues las consideraciones editoriales y el sistema literario en conjunto determinan una parte importante del trayecto de una obra. Dentro de las críticas que podemos rescatar en la novela está también la que apunta al marco editorial: en un diálogo imaginario en el que el protagonista quisiera encontrar la procedencia de unos versos, la mesera de un Sanborns le respondería, de manera exagerada, que estos provienen de “Iván Buruskov, poeta ucraniano, perteneciente a su libro Las dalias mortales, de 1964, del cual existe una excelente traducción al español de José Emilio Pacheco” (Morábito 59). La exageración hace notar una burla, pero el discurso que resalta un título, un año y hasta la traducción, además de la extranjería y el referente a un escritor nacional, representa, de manera lúdica, los lugares comunes de referencias literarias, al tiempo que cuestiona sus formas de legitimación, pues la escena tiende al humor en tanto que las palabras provienen de una mesera de la que convencionalmente no se esperaría ese tipo de conversación.

Todo libro puede ser estudiado bajo la perspectiva de las industrias culturales y la novela El lector a domicilio de Fabio Morábito, además de su naturaleza propia como un producto de consumo, ganador de un premio de escritores para escritores -es decir, inscrito deliberadamente en el círculo literario-, plantea un discurso que ejemplifica en su interior otros procesos culturales. La obra podría estudiarse a partir de la teoría de la intertextualidad o sobre la relación padre-hijo, sin embargo, se ha querido hacer énfasis en la práctica lectora como un ejercicio de consumo, pues así como se detalla en la narración, existen aspectos de recepción lectora, consideraciones genéricas y eventos culturales que abisman, a manera de espejo, el circuito en el que estamos inmersos.

Bibliografía:

Curiel Defossé, Fernando. “Historia y literatura”. (An)ecdótica, núm.1 (2018): 9-14.

Even-Zohar, Itamar. “The Literary System”. Poetics Today. Ricardo Bermúdez Otero

(trad.), núm. 1 (1990): 27-44. Acceso julio de 2018.

https://web.archive.org/web/20051126105535/http:/www.tau.ac.il/~itamarez/works/papers/trabajos/sislit_s.htm.

“La lectura: una práctica cultural. Debate entre Pierre Bourdieu y Roger Chartier”. Revista Sociedad y Economía. Renán Silva (trad.), núm. 4 (2003): 161-175.

Morábito, Fabio. El lector a domicilio. México: Sexto Piso, 2018.

Acerca de la autora

Laura Elisa Vizcaíno Mosqueda

Doctora y maestra en Letras por la UNAM. Realizó la licenciatura en Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana…

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