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El sonido oscuro de aquel mar

Magela Baudoin, La composición de la sal, La Paz: Plural editores, 2014, 116 pp.

A Mayte, por el obsequio

“Los cuentos que envíes a los concursos
nunca serán importantes para la historia
de la literatura. En realidad, ni siquiera
para la literatura”.

Fernando Iwasaki, España, aparta de mí estos premios

El epígrafe anterior ilustra, a la vez que evalúa, la compleja relación entre la literatura y el mercado, entre lo artístico y las múltiples instancias —las comerciales, desde luego, entre ellas— que posibilitan su circulación. Los concursos literarios son, acaso, la coartada que editoriales e instituciones (vinculadas o no al Estado) blanden con frecuencia en aras de “estimular” (es el verbo que usan) la escritura y difusión de materiales recientes, ya sea de autores hasta entonces desconocidos o de quienes gozan de cierto renombre.

Si bien todo certamen literario pretende consolidarse a través de la exaltación de al menos dos elementos, la transparencia del proceso —el cual no casualmente asume un vocabulario y una lógica jurídicas: un conjunto de “jueces” emite un “fallo” o “veredicto”— y la innegable calidad del texto ganador —pues no por nada, se presume, el jurado está conformado por “expertos” cuya elección se basa en las características del texto y no en la identidad del autor—, también es verdad que las historias que se tejen al interior y alrededor de tales concursos suelen ser más rocambolescas, trepidantes y dramáticas incluso que las que llegan a manos de los doctos dictaminadores.

La alusión a los concursos literarios viene a cuento porque la escritora boliviano-venezolana Magela Baudoin (1973) ha conseguido, con sus dos únicas obras de ficción, sendos galardones: el Premio Nacional de Novela de Bolivia con El sonido de la H, en 2014, y el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez con La composición de la sal, al año siguiente.

Este último libro resultó ganador entre otros ciento treinta y nueve, y se impuso sobre La muerte silba un blues de la ecuatoriana Gabriela Alemán, Un lugar como este del peruano Carlos Arámbulo, Alguien soñará con nosotros del chileno Mauricio Electorat y Apocalipsis (todo incluido) del mexicano Juan Villoro.

Quizá el primer aspecto que llama la atención en La composición de la sal es la brevedad de los textos que integran el volumen: catorce relatos distribuidos en poco más de cien páginas. Historias cortas, apenas un atisbo, una sugerencia. Sin embargo, el laconismo no está de forma alguna reñido con la hondura, con la capacidad expresiva. Antes bien, cada cuento es una muestra cabal de contención, en los diversos sentidos que la palabra entraña: como lo que se reprime o se sujeta, como disputa, como intensión o esfuerzo. Velocidad e intensidad son, en suma, atributos de la escritura de Baudoin.

Otro elemento sobresaliente de La composición de la sal es el estilo —en apariencia directo— que recorre todo el libro, a la usanza del periodismo (oficio del que proviene la autora). Así lo advierte Alberto Manguel en el prólogo: “Es como si Baudoin nos contara sus relatos con la mayor aparente franqueza, pero nosotros, los lectores, intuimos detrás de las palabras una reticencia oscura, motivos nunca confesados, razones secretas, personajes y lugares de cuyo nombre Baudoin no quiere acordarse” (p. 9. Énfasis mío). La simulada franqueza, asociada a una forma de narrar que nada esconde, se revela como una trampa, como el artificio que encubre el intrincado andamiaje compositivo de cada cuento, donde lo que se dice y lo que se calla está cuidadosamente planeado.

Esta característica insinúa otra, cardinal a mi parecer, en la medida en que exhibe cómo Magela Baudoin concibe el cuento en tanto género: la estructuración de todos los relatos en torno a un olvido fundamental, a la elisión de información vital e inaccesible. Hay, en los cuentos de La composición de la sal, un secreto inaugural, algo no dicho que determina el curso de lo narrado1  y le brinda unidad al volumen. No por nada, en la cuarta de forros Giovanna Romero afirma que “Baudoin sabe cómo desarrollar un relato doble, e incluso triple” y José María Brindisi apunta que “es como si el lenguaje trabajara en el negativo de la anécdota: no vaciándola de sentido, sino desvistiéndola, mostrándola en su real complejidad”.  En el mismo tenor, Manguel señala —en el prólogo ya citado, que significativamente se titula “La confesión postergada”— que los relatos de la boliviana “comparten un acto secreto y aluden a algo siempre mayor que el argumento que proponen” (p. 10). Sí, el cuento como el (tantas veces citado) iceberg de Hemingway, pero también como una desgarradura o, de acuerdo con la propia autora,

como un mar de aguas profundas que cambia de color mientras más abajo te sumerges. O como una crisálida que tiene en su esencia el poder de volverse otra cosa, más terrible o bella, no importa, pero que se transforma. En mis cuentos pueden haber una, dos, tres historias o ninguna. Algún lector podría decir que en muchos sólo hay una anécdota, y también será verdad. Lo que importa es que todo lo plantado allí lo encuentre quien lo necesite (“Tierra de promesas”, 2016).

Los catorce relatos que conforman La composición de la sal ofrecen al lector un conjunto de indicios que se bifurcan, a su vez, en una serie de posibles interpretaciones (complementarias, algunas veces; excluyentes, otras, pero siempre inquietantes) al momento del desenlace: un mar de fondo cuyo estremecimiento apenas se insinúa en la superficie. En “Amor a primera vista”, la casualidad lleva a un hombre a mudarse con una mujer que parece estar más enamorada del departamento en que residen que de él mismo; en “La noche del estreno”, el dueño de una tintorería —cuyo pasatiempo favorito consiste en jugar con un teatro en miniatura—, recibe en su negocio un atuendo que, descubre, puede ayudarle a saldar cuentas con su pasado; un anciano se exaspera por su incapacidad de contener el llanto y arrobarse ante cualquier situación, en el texto que da título al libro; una serie de eventos inexplicables atribulan a una mujer agnóstica y triste cuando emprende un viaje a la provincia boliviana como asistente de producción de un documental, en “Dragones dormidos”; en “Borrasca”, una charla sobre las hermanas Brontë funge como trasunto de las desavenencias entre una joven y su abuela.

Estos y los demás cuentos de Baudoin se vinculan entre sí no sólo por el rol fundamental que (al menos en la mayoría de ellos) tienen las mujeres,2 sino también por la indagación en los lazos familiares (es el caso de “Algo para cenar”, “Gourmet”, “Un verdadero milagro”, “Sueño vertical”, “Un reloj. Una pelota. Un café”) y en las relaciones amorosas (“La cinta roja”, “Moebia”, “Sonata de verano porteño”). La escritora construye una atmósfera íntima, cercana a la confidencia, al relato oral, tal y como ella confiesa que fue su primer acercamiento a la literatura.3

Por último, aunque es costumbre emparentar la obra de los autores nóveles con la de los escritores consagrados o en boga, estimo poco provechoso —pues las costumbres deben ser puestas en entredicho de cuando en cuando—profundizar en la posible filiación de los textos de Magela Baudoin con la narrativa de, por ejemplo, Clarice Lispector, Luisa Valenzuela o Ana María Shua (en el contexto latinoamericano) o de Flannery O’Connor o Alice Munro (fuera de él). Basta con apuntar que La composición de la sal escapa, con creces, a la consigna de Iwasaki y revela la utilidad de los premios literarios: ser la escafandra que permite adentrarnos en  territorios insondables. Si consideramos que se trata de un galardón por un libro de cuentos (uno de los géneros más vilipendiados por las editoriales), otorgado a una mujer, quien además pertenece a un país cuya narrativa no goza de gran proyección internacional, descubriremos que el mérito de Baudoin dista de ser accesorio. Sus relatos son como las olas que nos apartan de la costa y nos arrastran, poco a poco, hacia altamar. Sólo se trata de dejarnos llevar.

Fuentes:

DELEUZE, Gilles y Félix Guattari. “Tres novelas cortas o «¿qué ha pasado?»”, en Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia, trad. De José Vázquez Pérez, Pre-textos, Valencia, 1988, pp. 197-211.

MATTIO, Javier. “Tierra de promesas: la escritora Magela Baudoin presenta en Córdoba La composición de la sal”, Vos, 26 de junio de 2016. Disponible en: https://goo.gl/BsOFmP

“Magela Baudoin en la Biblioteca Meira Delmar Premio Hispanoamericano de Cuento GGM”. Disponible en: https://goo.gl/ZdPSer

Acerca del autor

Marco Polo Taboada Hernández

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UAEH y Letras Hispánicas por la UAM- Iztapalapa. En esta última universidad realizó la Maestría en Humanidades (Línea de Teoría Literaria…

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Notas al pie:

  1. “Llegamos a la última página de un cuento de Baudoin y nos preguntamos ¿qué fue exactamente lo que nos contaron? ¿Cuál es el verdadero argumento, la auténtica trama de esta historia”, subraya Alberto Manguel (pp. 9-10). Sus preguntas están ligadas a otras —¿Qué ha podido pasar?, ¿qué ha pasado exactamente?— planteadas a propósito de la novela corta por Gilles Deleuze y Félix Guattari en “Tres novelas cortas o «¿qué ha pasado?»”. La coincidencia, además de fortuita, señala la organización de los cuentos de Baudoin a través de lo que Deleuze y Guattari definen como el secreto en tanto dimensión formal del relato, donde “nunca se sabrá lo que acaba de pasar” (p. 200)
  2. El interés de Baudoin por los temas de género es visible en su libro de no ficción, Mujeres de costado (Plural editores, 2010), que recoge las entrevistas realizadas a diecisiete bolivianas destacadas (entre ellas, Roberta Benzi, quien en 1987 protagonizó el primer caso de cambio de sexo en el país).
  3. En una entrevista, la autora recuerda: “Yo escuché los clásicos antes de haberlos leído y probablemente mucho los recuerdo en la voz de mi padre y de mi abuela y eso ha hecho una marca fundamental en mi formación”. “Magela Baudoin en la Biblioteca Meira Delmar Premio Hispanoamericano de Cuento GGM”. Disponible en: https://goo.gl/N8tVEW